La Dualidad del Otoño como medicina

CUANDO EN EL CUERPO COEXISTEN EL DOLOR DEL DUELO Y LA COSECHA, CUANDO HACES ESPACIO PARA EL DOLOR Y EL SABOR DE LO PLACENTERO.

Se está repitiendo mucho en sesión la temática de la dualidad.

Ese encontronazo con una parte que se siente agradecida y deslumbrante a pesar de estar atravesando un duelo relacional y sentir una profunda tristeza, miedo y dudas al mismo tiempo.

Darte de morros con la parte de ti que quiere controlar y que todo esté en su lugar (en tu entorno, en tus relaciones o en tu vida en general) y otra parte que quiere soltarlo todo, rendirse a la sorpresa de la incertidumbre y sin ansiedad.

Y, me está encantando cómo la caricia del descubrimiento compasivo de que la dualidad es normal, acompaña estos descubrimientos internos que se van dando en procesos tan diferentes pero tan humanos.

Por eso he querido crear este artículo como oda a una de la cualidad real y metafórica más bella de ésta época y, también como lugar de encuentro y transición si estás viviendo un Otoño Interno.

El momento en el que cuerpo te pide un ritmo más lento.
en el que aparece cansancio.
en el que la mirada quiere ir hacia dentro.
y empieza a despertar el deseo de dejar caer hojas internas:

hábitos,
proyectos,
versiones de ti misma,
expectativas.

Este es un espacio de Otoño Interno.

Una estación no necesariamente literal y con una duración determinada, sino un estado de tu sistema nervioso, de tu alma y de tu psicología interna; que si sabes transitar con respeto y pararte a honrar su momento, pueden prepararte para una auténtica primavera. 

Es una fase natural, parte de los ciclos por los que pasamos innumerables veces a lo largo de nuestras vidas donde conviven:

lo que se cae
y
lo que se queda.

Esta es la dualidad del otoño.

El Otoño Interno como proceso humano universal 

Todas atravesamos otoños internos, a veces varias veces al año, como mujeres una vez al mes en relación a nuestro ciclo hormonal; y a la vez, también podemos sentir esta estación en un ciclo de 24 hrs. 

El Otoño Interno no entiende de edades, ni de horarios, ni de momentos del año, es una etapa, una estación, un momento a transitar que puede lucir como: 

  • el final de una relación,

  • el dejar ir un proyecto,

  • el planear tu jubilación anticipada,

  • una etapa de agotamiento,

  • una decisión difícil a tomar,

  • un cambio interno de identidad,

  • una mudanza emocional o literal…

Son momentos donde una parte de ti pierde algo… mientras otra parte gana una perspectiva más profunda.

La Dualidad: el corazón del otoño

La dualidad del otoño existe porque tu cuerpo, en realidad, está tratando de hacer dos funciones simultáneas


1. DEJAR CAER LO QUE YA NO SE SOSTIENE

Se siente como un “hasta aquí”, “ya no puedo más con esto”, “esto no lo puedo sostener”, “me está pesando seguir por aquí”...

Un final orgánico y a veces doloroso que tu mente y tu cuerpo te piden casi a gritos si has pasado el límite de las veces que tu intuición te ha hecho saber que “por ahí no es”.

Se trata del dar permiso para que se produzca la caída de lo que ya cumplió su función (un trabajo o colaboración, una forma de actuar en tu relación, una manera de tratarte a ti misma…)

Es entonces cuando aparecen emociones y procesos totalmente naturales a los que es importantísimo dar espacio para que puedas transitar con confianza, integridad, coherencia y fuerza a tu próxima estación.

Aparece una tristeza que limpia.
Una nostalgia que asusta o hace dudar.
El duelo con todas sus fases (negación, ira, negociación, desesperanza, aceptación…)
Falta de energía física y mental, incluso para sostener las emociones con su total intensidad.
Y por supuesto, el deseo de ir hacia adentro y cerrar ciertas puertas con llave, y que esa llave, y todo lo que hay en el interior de esa habitación, transmute o quede como reliquia en un museo interno particular. 


 2. INTEGRAR Y CONSERVAR LO ESENCIAL

La otra cara de esta bella dualidad es lo que SÍ te pertenece, lo que SI ES TUYO, lo que es para ti, y lo que sabes te va a nutrir después de poner tu presencia, energía y dedicación en ello.

Es la cosecha madura de todo lo que has creado en las estaciones anteriores: lo que has aprendido, el néctar dulce de lo que te atreviste a plantar, a hacer crecer, el tiempo que le dedicaste a ver los frutos engordar mientras nutrías la tierra que cubría esas raíces…

La base tu bienestar, esas relaciones y vínculos especiales,  tus estudios, tus hobbies o los proyectos que más resonaron dentro en su momento…

Es en tu Otoño Interno donde puedes encontrar la sabiduría.
Una claridad alineada teniendo en cuenta todas las partes de ti.
Una gratitud que baña de luz tu cuerpo y tu mirada.
El asentamiento de lo que antes era etéreo, una idea, un pensamiento anclado ya en la tierra con fuerza.
Una estabilidad interna, con una raíces, un tronco y ramas tan fuertes como flexibles, listas para el caos de futuras tormentas. 

Otoño no es una cosa o la otra.
Es las dos cosas al mismo tiempo:

la caída y el arraigo,
el duelo y la cosecha,
el final de algo y su asentamiento


Y es también la integración de las partes que tienen aparentemente objetivos opuestos pero que si indagas un poco más allá, contribuyen a un mismo propósito. Tu futura evolución, crecimiento y expansión. 

La neurociencia del otoño interno

El otoño interno es, en parte, un movimiento neurobiológico. Un instante en que sucede que: 

I. DISMINUYE LA ACCIÓN DEL  SISTEMA NERVIOSO SIMPÁTICO

Tu cuerpo quiere reducir de forma natural:

  • el impulso de actuar,

  • la hiperproductividad,

  • la búsqueda de estímulos externos,

  • el deseo de sostener ritmos que antes parecían normales.

Estamos ante un freno biológico adaptativo; ni pereza, ni falta de voluntad. 

¿Qué sucede realmente?

Si lo permitimos, el tono simpático baja, y con él:

  • la presión por “hacer”,

  • la energía dirigida hacia fuera,

  • la necesidad de complacer, rendir o expandirte y seguir todo el rato creciendo,

  • la capacidad de “empujar” sin escucharte.

Y aparecen los “Sé que debería, me comprometí, es importante… pero no puedo o no quiero”

Y cuando lo intentas en contra de esa intuición interna que te dice otra cosa, cuando fuerzas rutina, hábitos s o mantienes altas tus expectativas o exigencias, se abre una grieta, como una disonacia entre lo que haces y lo que sientes, un desfase interno que el cuerpo ya no quiere o no puede sostener.

Esa grieta es la señal más clara de que el otoño ha empezado, y esa grieta si te atreves a mirar tiene mucha luz y oportunidad de aprendizaje. 

Quieres cueva.

Espacio, silencio, menos estimulación, menos información,  menos contacto externo. Especialmente si no es verdaderamente significativo.

Tu cuerpo quiere simplificar, descender, asentar. 

II. AUMENTA LA ACCIÓN DEL PARASIMPÁTICO (SI LO DEJAS) 

Si te escuchas, si no empujas, si no fuerzas, si no te peleas con tu ritmo, tu sistema activa el parasimpático ventral, la rama de seguridad, calma y presencia.

El ventral no es una actitud pasividad, o no hacer absolutamente nada.
Consiste en una intimidad contigo con mucho que ofrecerte.

¿Qué cambia cuando sube el ventral y estás dentro de tu ventana de tolerancia?

  • disminuye el ritmo interno, el run run en tu cabeza

  • aumenta la claridad emocional,

  • tus sensaciones se vuelven más nítidas,

  • tu cuerpo “pide bajar un piso, un escalón”,

  • tus movimientos se hacen más lentos (no porque seas mas lenta, sino como movimiento deliberado, más consciente, más presente, más coherente, más íntegro).

  • y este es un lugar seguro desde el que puedes empezar a digerir emociones que antes estaban congeladas.

Aquí ocurre lo que se llama down-regulation suave:

Tu energía no cae en picado:
simplemente aterriza.

Como si el alma tocara suelo.

Es la fisiología que avisa de un cierre de ciclo.

III. SE ACTIVA LA DMN (Default Mode Network) 

La DMN, la red neuronal por defecto, es el espacio del cerebro que entra en acción cuando: no estás en modo “hacer”, no estás en urgencia, y no estás hacia fuera. ¡Importantísimo para poder hacer tangible todo lo que has deseado y sobre lo que has trabajado!

Es la red de:

  • la introspección,

  • la memoria autobiográfica,

  • la construcción de significado,

  • la integración emocional,

  • la revisión de identidad.

¿Por qué es importante?

Porque no puedes integrar mientras estás corriendo.
La integración requiere quietud, lentitud, pausa.

En otoño, la mente espontáneamente empieza a:

  • reconectar eventos del año,

  • revisar decisiones,

  • reevaluar proyectos,

  • resignificar heridas,

  • reorganizar prioridades,

  • establecer límites

  • reconstruir la narrativa interna.

Lo que muchas personas llaman “sentirse más sensibles o nostálgicas”
en realidad es la DMN haciendo su trabajo.

IV. EL CUERPO EN INTEROCEPCIÓN PROFUNDA

El otoño interno aumenta la interocepción, la capacidad de sentir el interior del cuerpo.

Son momentos en los que podrías notar:

  • el pecho más presente,

  • el estómago más sensible,

  • la garganta más viva,

  • la respiración más lenta,

  • la intuición más afinada.

Parece casualidad pero es fisiología.

La interocepción aumenta cuando:

  • baja la activación,

  • el ambiente interno se vuelve seguro,

  • tu sistema siente permiso para “mirar dentro”,

  • y hay emociones o eventos que necesitan digestión. 

Sentir más es parte del proceso.
Es tu biología revelándote lo pendiente.
Lo que necesita ser visto y está listo.
Lo que te llevará a un siguiente ciclo de forma saludable. 

¿Por qué pide bajar revoluciones?

Porque la digestión emocional, igual que la digestión física, solo ocurre en estado parasimpático.

No puedes metabolizar emociones en modo supervivencia.
Solo en modo seguridad.
Y en este proceso te adentras en una recuperación neurobiológica.
Una forma muy precisa en que tu cuerpo se repara, se reorganiza y se prepara para la siguiente estación interna.

La Psicología del Otoño desde Diferentes Modelos

Desde la Terapia de Aceptación Y Compromiso se puede entender el Otoño Interno como la oportunidad de darte ese permiso (ese tiempo y espacio) para el duelo, para observar los pensamientos de cierre, para dejar ir las expectativas rígidas y honrar lo que sí funcionó. Haciendo espacio para lo próximo sobre lo que de verdad quieres comprometerte o hacer en el próximo ciclo (ej: nuevo proyecto, empezar otra relación, o hacer algun cambio en lo que ya existe) No hay nada que arreglar, se trata solamente de hacer espacio antes de continuar, de volvernos a comprometer. 

Desde la terapia sistémica familiar interna encontramos que aparecen partes de ti protectoras que quieren que cambies de rumbo de alguna forma. Partes que te recuerdan constantemente que necesitas descansar, que algo no es 100% para ti o que este ritmo ya no quieres continuarlo. Primero en formas de pensamiento, que si ignoras una y otra vez, puedes acabar somatizando.

Pero también aparecen exiliados las partes de ti que, aunque con un propósito parecido, tiran hacia otro lado (ej: la parte más vulnerable o la peque interna que siente nostalgia, miedo al rechazo o al abandono porque estás queriendo cambios o nuevos estableciendo). Desde esta perspectiva se entiende el Otoño Interno como una oportunidad de integración interna, donde las partes se reorganizan y encuentran un nuevo equilibrio.


Y otro modelo que quiero compartir para el Otoño Interno es la Somática (Somatic Experiencing) cuya perspectiva consiste en completar ciclos, en este caso los ciclos del estrés. Siendo esta fase una en la que se completan activaciones, se liberan micro tensiones del cuerpo y éste se descarga cerrando respuestas corporales que hasta ahora se habían quedado congeladas o inconclusas. No es solo “soltar” a nivel mental. Es permitir que el cuerpo complete lo pendiente a nivel somático.

¿Qué bloquea un otoño interno?

NO QUEREMOS ATRAVESAR EL DUELO


Nos pasa mucho que nos quedamos atascadas en esta etapa porque nos da miedo permitir ese duelo que viene con un cierre de relación,  de proyecto o de identidad.

O porque nos aferramos, por una dependencia creada, a lo que ya caducó. ¿Pero puedes imaginar qué pasa cuando te comes algo cuya fecha rela de caducidad pasó hace tiempo?

Ademas, puede ser que también sentir ese duelo, te resulte demasiado y no sepas como hacerlo de forma gradual y sin que te sobrecoja. 

NO ENTENDEMOS LA NECESIDAD DE LA DUALIDAD

Nos podemos quedar atascadas en un Otoño Interno porque no somos capaces de entender la dualidad existente y permitir esa caricia compasiva, donde existe también espacio para la gratitud, para reconocer lo que hemos aprendido o cómo hemos crecido de las experiencias vividas.

Creemos que si estamos en dolor, en dejar ir, en cambio o cierre de ciclo, no hay espacio para la recogida, para el agradecimiento o las emociones cómodas y placenteras. 


UNA PARTE DE NOSOTRAS NO NOS DEJA

Puede que la activación de una parte protectora o una exiliada ocurra con tal intensidad que no nos permitamos ese espacio. Esta parte de ti teme que si afloja, perderá el control y algo malo pueda pasar, que si te permites la tristeza te rompas, o que si le das rienda suelta a la rabia las consecuencias sean funestas. O tal vez que si tomas una decision diferente acabarás en la ruina y sin gente que te apoye… cada una tiene su creencia.


LA INCERTIDUMBRE NOS TRAE MÁS ACTIVACIÓN

Tal vez no puedas pasar a la siguiente etapa porque hay activación nerviosa acumulada, estás constantemente en alerta y esa entrada a tu ventana de tolerancia, o descenso de ritmo, caída de hojas, cambio de hábitos o toma de decisiones que te lleven a lugares diferente, sea demasiado para tu cuerpo. “¡Ay no! una cosa más que atravesar… si me permito esto, tendré que ser coherente con las consecuencias de mi nuevo ser, y eso trae incertidumbre, y la incertidumbre activación o ansiedad. “Mejor malo conocido, que bueno por conocer”. Tu cuerpo se siente mas seguro donde está porque bajar el ritmo es nuevo.



NO TE PERMITES UN RITUAL DE CIERRE

Y otro motivo por el que puedas quedarte estancada es porque no hay una transición marcada, no hay un ritual de cierre (a tu cerebro y espíritu le encantan los rituales…). Un ritual de cierre podría ayudarte a ganar claridad y foco, desde la calma. 

Por qué la dualidad del otoño es medicina

A nivel psicológico, la dualidad del otoño hace algo esencial y es que te permite cerrar sin tener que destruir, afinas tu mirada y eres más eficiente, caminas más alineada con quien eres en cada momento, te permite soltar sin perderte y te da la oportunidad de contener varias emociones al mismo tiempo, agradecer sin negar tu dolor, y madurar sin endurecerte o; dejar de comerte cositas ya podridas e irte pudriendo tu poco a poco :). 

El otoño interno es una etapa de pulido emocional.

No te quita nada que necesites.
Solo te deja con lo esencial.

Cómo honrar tu otoño interno con prácticas suaves y sencillas

LA RESPIRACIÓN DE CAÍDA

Exhalaciones largas con la sensación de descender.

En el otoño interno, el cuerpo pide soltar aire más que llenarlo.
Las exhalaciones largas activan el nervio vago ventral, reducen la activación simpática y generan una sensación de descenso natural.

Prueba así:
inhala suave por la nariz…
y exhala por la boca como si dejaras caer un peso desde los hombros hasta el suelo.

Puedes imaginar que tu columna “afloja” un milímetro, que tu pecho suaviza y que tu cuerpo se entrega a la gravedad.

Se trata de verlo no como una forma de colapso, sino de aterrizaje.

También puedes acompañar esta respiración con el movimiento de tu cuerpo estando de pie, anclándote en tus piernas o en la base de tu cuerpo si estas sentada.

Permitirte ser sostenida mientras te dejas caer.

Y aflojar un poco más (mandíbula, hombros… ) notando el sostén siempre firme de la superficie en la que estás al permitir la gravedad actuar; gracias a tus raíces y tu tronco.

Si quieres probar prácticas guiadas donde la respiración te ayuda a volver a ti y regular tu sistema nervioso, aprovecho a invitarte a: 

Refugio Último

EL INVENTARIO DE HOJAS SECAS

Para ésta práctica te invito a tomar papel y lápiz si te gusta escribir y responde a las siguientes preguntas:


¿Qué ya cumplió su función? ¿Qué se cae por su propio peso?
¿Qué permanece? ¿Qué se queda? ¿Qué es mío? ¿Qué me llevo?

Como los árboles no negocian con lo que ya terminó, esta práctica te invita a nombrar lo que está listo para soltarse.

Puedes escribir tres listas:

  • Hojas que ya no necesito: hábitos, ritmos, compromisos, dinámicas, identidades.

  • Hojas que se están cayendo solas: cosas que no funcionan aunque quieras retenerlas.

  • Hojas que permanecen o no caducan: lo esencial, lo que te sostiene, lo que sí tiene raíz.

Este inventario regula el sistema nervioso porque da forma a lo que el cuerpo ya sabe, pero la mente aún no ha dicho en voz alta.


RITUAL DE CIERRE

Este ritual puedes llevarlo a cabo a través de una carta, de un audio, o de un objeto simbólico. 

Los rituales permiten que el cerebro marque un antes y un después, y esa simbolización es clave para la integración.

Puedes hacer algo muy simple:

  • escribir una carta a lo que se va, aquello que más te resuene. Luego yo personalmente te invito a quemarla. 

  • Grabar un audio de despedida o de agradecimiento, compartiendo todo lo que te llevas y lo que has aprendido o descubierto gracias a eso,

  • o elegir un objeto que represente la etapa que termina y moverlo de lugar o hacerlo desaparecer 💨.

Cuando el cuerpo realiza un gesto simbólico, la mente entiende:
“Esto ya terminó.” ¿Es magia o neurobiología simbólica?

DAR ESPACIO A LAS EMOCIONES, ESPECIALMENTE A ESA TRISTEZA QUE LIMPIA

Sentir sin perderte en la intensidad de las emociones. No reprimas las emociones que vienen con el Otoño interno ni las cómodas ni las incómodas. No las juzgues, son parte del proceso.

Es como una lluvia fina pero constante que limpia.

No confundas la tristeza (o la rabia, o cualquier otra emoción incómoda) del otoño interno con un drama, en realidad querida es un drenaje

Una forma de permitir que el cuerpo suelte tensión, expectativas y versiones que ya no están en coherencia contigo.

Permitirte sentir las emociones, sin juzgarlas, y desde tu centro, es transitar un otoño suave, no te desborda, no te arrastra, no te paraliza, simplemente cae y luego pasa.

Dar espacio y permitirla significa:

  • sentarte,

  • respirar,

  • y dejar que el pecho se ablande sin intentar cambiar nada.

Esto mantiene tu sistema dentro de la ventana de tolerancia, donde puede procesar sin colapsar.

Échale un vistazo a los próximos eventos o cursos y programas particulares sobre como permitir las emociones sin disociarte y con total presencia aquí. 



PRACTICAR GRATITUD ENCARNADA

No se trata de hacer al corre corre una lista de agradecimientos como otra tarea más que quieres quitarte de encima. Encarnar la gratitud de verdad se hace desde el cuerpo, con todo tu ser disponible en el momento.

Mano en pecho.
Reconocer lo aprendido.
Sentir cómo se asienta dentro de ti el respeto hacia ti misma por la experiencia vivida de ese proyecto, de esa relación, de esos hábitos que han formado parte de tu vida; o, incluso por esas partes de ti que te sostienen activando viejas tendencias y mecanismos de defensa.

NOTA EXTRA SUPER IMPORTANTE:
Soltar algo (proyecto, identidad…) no consiste en matarlo.
Siempre estamos con que una parte de nosotras tiene que morir para que otra nazca, pero la mayoría de veces querida eso no es necesario. A mi me gusta ver qué me llevo de cada cosa, esto transmuta; esta integración es lo que la gran mayoría de veces permite la evolución natural hacia lo que quieres.

(En los próximos eventos puede que te encuentres con algo que te ayude a integrar partes aparentemente contradictorias, échale un ojo aquí).

Ahhh, entonces la gratitud real aquí no es mental ni forzada. Es corporal.

Coloca la mano en el esternón, respira y recuerda algo que te dejó esta etapa:

  • un aprendizaje,

  • una claridad,

  • un límite puesto,

  • una fuerza que no sabías que tenías.

La emoción de gratitud activa el vagal ventral, genera sensación de seguridad interna y ayuda al cuerpo a integrar la experiencia.

Es la parte del otoño donde ya no solo sueltas:
recoges y saboreas los frutos (la otra cara de la moneda).

¿Con qué quedarte? 

Lo que de verdad deseo transmitirte con todo esto es que si estás viviendo una dualidad ( duelo, dolor y cosecha, placer;  las ganas de quedarte y las ganas de irte; la necesidad de controlar y la de soltar; el deseo de sentir lo que cae y de sentir la seguridad de tus raíces, un cansancio que te lleva hacia adentro y claridad de lo que quieres externalizar) ES NORMAL.

Estás en otoño.
El cuerpo sabe.
La vida sabe.
La naturaleza sabe.
Tu lo sabes.
Tu sistema nervioso está reorganizándose.

El otoño no te pide velocidad.
Te pide honestidad.

Y si te escuchas… te vas a encontrar, o como diría mi entrenador si te escuchas y abres espacio al movimiento sin pensarlo demasiado, te vas a ordenar.

 


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Sensible introvertida que solía vivir con miedo a la intensidad de las emociones, pero con un gran propósito y sueño que siempre me atraía hasta donde estoy hoy.

Mi pasión, acompañarte a reconectar con quien verdaderamente eres, en integridad con tus valores, a que reclames tu poder, reconectes con tu fuerza y que te sientas radiante, valiente, sensual y vibrante en tu cuerpo, tu profesión y tus relaciones.

 

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