Mano que roza el agua del mar en la costa de Tenerife
«Ya debería poder con esto sola.»

Lo sabes casi todo de ti. Has leído, te has formado, entiendes tu sistema nervioso mejor que mucha gente. Y aun así, lo sigues sosteniendo todo tú.

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Acompañamiento 1:1

Saber no es lo mismo que ser sostenida.

Hay cosas que no se aprenden leyendo. Se aprenden en el cuerpo, en presencia de alguien que no se cae cuando por fin sueltas.

Llevas tiempo siendo el suelo de otras personas. De tu trabajo, de tu casa, de tu propio proceso, que también gestionas como un proyecto más. Este es el único lugar de tu semana donde no tienes que sostener nada. Ni siquiera la conversación.

Antes de seguir

Nota dónde está tu respiración ahora mismo. En la garganta, en el pecho, o apenas bajando. No hace falta cambiarla. Solo darte cuenta de que está ahí, contigo.

Quizá te reconozcas

Para la mujer que sabe tanto y se permite tan poco.

i.
Te ocupas de todo y de todos, y lo haces bien. Tan bien que nadie nota lo que te cuesta.
ii.
Las emociones se te quedan en la garganta y en los ojos, esperando un momento que nunca llega.
iii.
Pedir ayuda te da más miedo que seguir sola, porque en el fondo no esperas que nadie sepa sostenerte.
iv.
Vienes a recuperar la confianza en tu trabajo, y una parte de ti sabe que lo que más pesa está en otro sitio.
Lo que pasa en una hora

Tres movimientos, a tu ritmo.

I

Llegar

Empezamos por el cuerpo, no por el relato. Lo que hace tu cuerpo mientras hablas nos dice dónde estás de verdad.

II

Escuchar a quien manda

La parte que controla, la que exige, la que siempre va un paso por delante. No venimos a quitarla. Venimos a entender qué protege, para que por fin pueda descansar.

III

Llevarte algo vivo

Sales con una práctica concreta para tu semana. No otra idea que entender: algo que hacer con tu cuerpo cuando vuelva el miedo.

Mano apoyada sobre la roca volcánica junto al mar
Si tú también acompañas

Aquí no tienes que ser la que sabe.

Muchas de las mujeres que llegan a este espacio son terapeutas, profesoras o profesionales que sostienen a otras personas cada día. Conocen la teoría. Lo que les falta es un lugar donde no tener que aplicarla.

Puedes traer todo lo que sabes y dejarlo en la puerta. Yo me ocupo del mapa. Tú solo tienes que estar.

Agenda abierta

Elige tu puerta.

Lydia caminando dentro del mar con los brazos abiertos
Online · viernes

Puerta de mar

Sesión de 60 minutos por videollamada

Como el alisio, llega a cualquier orilla. Desde tu casa, rodeada de lo tuyo, sin tener que desplazarte ni recomponerte para salir.

75 €por sesión
Elegir hora online
Lydia sentada en una cueva de piedra
Presencial · martes

Puerta de tierra

Sesión de 60 minutos en Santa Cruz de Tenerife

Para cuando el cuerpo necesita otro cuerpo presente. Una sala tranquila en Santa Cruz; la dirección exacta te llega al confirmar tu reserva.

85 €por sesión
Elegir hora presencial
Cómo funciona
  1. Eliges día y hora, y abonas la sesión al reservar.
  2. Te llega la confirmación por email y, si es presencial, la dirección exacta.
  3. Antes de vernos te envío un breve mapeo de tus necesidades y deseos, para que la primera hora vaya directa a lo que importa.
Quién te acompaña

Lydia García Martín

Psicóloga colegiada, con casi veinte años de recorrido en la psicología. Acompaño desde el cuerpo, con una mirada integradora en la que se encuentran la teoría polivagal, el trabajo con partes internas y la compasión.

No es terapia clínica sanitaria ni un diagnóstico. Es un acompañamiento psicológico para que vuelvas a sentirte a salvo dentro de ti, y desde ahí puedas decidir con claridad.

Te espero al otro lado.
Retrato de Lydia García Martín sonriendo entre rocas volcánicas
Nuestro acuerdo

Tu hora es tuya, y la mía te espera.

  • De mí puedes esperar un espacio ético, seguro y confidencial, sostenido con formación y supervisión continuas.
  • Que cuide los límites y la presencia: cuando estoy contigo, estoy contigo.
  • De ti espero que llegues a tu hora y avises con antelación si algo cambia.
  • Que tomes un papel activo, para que lo que se mueve en sesión llegue también a tu semana.
  • Y que confíes en el ritmo: el proceso crece con tu implicación y tu constancia.

El sosiego no es el final del camino. Es el suelo desde el que mirar todo lo demás.

Cuando llegue la calma, y llega, no te irás a medias. Tendrás la oportunidad de usar las herramientas para transitar y disolver lo que de verdad querías mover.